
El pasado 30 de abril se llevó a cabo el webinar organizado por la Comunidad de Práctica sobre reducción de emisiones de metano de fuentes orgánicas en Latinoamérica y el Caribe (MetLAC), en colaboración con C40 Cities, reunió a diversos actores del sector público y privado para discutir una problemática urgente y poco visibilizada: el tratamiento de los residuos orgánicos urbanos. El evento abordó desafíos, casos exitosos y oportunidades concretas para avanzar en soluciones sostenibles en la región.
Un enfoque estratégico desde la cooperación público-privada
Ana María Majano, representante de la Plataforma Regional LEDS LAC, dio inicio al encuentro destacando el rol articulador de MetLAC, red que agrupa a más de 40 instituciones de 13 países de la región. El objetivo común: promover acciones concretas desde los gobiernos locales para generar un entorno propicio que atraiga inversiones del sector privado, orientadas a disminuir la cantidad de residuos orgánicos que terminan en vertederos y, con ello, reducir significativamente las emisiones de metano, un potente gas de efecto invernadero. Y al mismo tiempo, destacar las oportunidades para que las empresas privadas mejoren sus resultados económicos y de sostenibilidad mediante su contribución a la reducción de residuos orgánicos
Desde el Secretariado de C40 Cities, Kathrin Zeller compartió experiencias de ciudades del norte global que han integrado con éxito a actores privados en sus estrategias de gestión de residuos. En países como Estados Unidos, se estima que la mayoría de los residuos de alimentos provienen de hogares y establecimientos gastronómicos. En este contexto, C40 promueve el trabajo en red a través de la “Sustainable Waste Systems Network”, fomentando acciones como campañas de concientización, desarrollo de capacidades empresariales, marcos regulatorios con incentivos, y mecanismos de evaluación del desempeño.
Uno de los hallazgos más destacados fue el valor económico de estas iniciativas: cada dólar invertido en la reducción de pérdida y desperdicio de alimentos puede generar un retorno de hasta 14 veces, gracias a la creación de empleo, la eficiencia en la gestión de recursos y la reducción de costos operativos. Este enfoque integral no solo contribuye a la sostenibilidad ambiental, sino que representa una oportunidad económica clara para las empresas y las ciudades.
Se presentó el concepto del viaje de acción como una guía estratégica para que las ciudades planifiquen e implementen soluciones efectivas en la gestión de residuos orgánicos. Este enfoque se estructura en cinco etapas clave:
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Línea base (baseline): consiste en evaluar la situación actual, identificando volúmenes, fuentes de generación, prácticas existentes y brechas en infraestructura o regulación.
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Establecimiento de objetivos (target setting): define metas claras y medibles, alineadas con los compromisos climáticos y las capacidades locales.
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Desarrollo de estrategia (strategy development): implica diseñar políticas, planes y esquemas de gobernanza que integren a los distintos actores involucrados.
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Implementación (implementation): es la puesta en marcha de las medidas acordadas, desde proyectos piloto hasta programas a escala.
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Evaluación (evaluation): monitorea los resultados alcanzados, ajustando las acciones según el aprendizaje obtenido.
A lo largo de estas etapas, diversas herramientas pueden potenciar los resultados. Entre ellas, se destacaron:
Campañas de concientización: fomentan cambios de comportamiento e impulsan prácticas como el compostaje y la separación en origen.
Colaboraciones y asociaciones: permiten compartir recursos, coordinar acciones entre sectores y generar aprendizaje conjunto.
Construcción de capacidad: brindar asistencia técnica, orientación y herramientas a empresas locales acelera los esfuerzos de reducción de residuos.
Legislación directa e incentivos: marcos regulatorios claros y mecanismos de incentivo brindan seguridad al sector privado, equilibran el entorno competitivo y recompensan comportamientos alineados con los objetivos de sostenibilidad de la ciudad.
La experiencia de Buenos Aires: una hoja de ruta hacia 2028
Andrea Paiz, Gerenta Operativa de Nuevas Tecnologías del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, presentó el ambicioso plan de gestión de residuos orgánicos de la ciudad, que actualmente genera 6.000 toneladas de residuos por día, de las cuales aproximadamente 1.100 son residuos orgánicos.
Buenos Aires ha avanzado en la construcción de capacidades con la implementación, en 2016, de su primera planta de tratamiento de residuos orgánicos con una capacidad inicial de 10 toneladas por día. Tras varias ampliaciones y mejoras tecnológicas, la planta hoy procesa 45 toneladas diarias, gracias a un esquema de Asociación Público-Privada (APP) tipo BOT (Build-Operate-Transfer), que involucró una inversión del sector privado bajo un contrato a 12 años.
El plan prevé la construcción de una nueva planta con fecha de funcionamiento para 2028, y establece una hoja de ruta detallada desde 2024 hasta 2029. El proyecto también contempla la consolidación de un sistema de recolección diferenciada para generadores especiales como supermercados, hoteles y restaurantes, que ya cuenta con más de 350 puntos de recolección en seis rutas activas. Se busca ampliar esta red incorporando otros sectores, como las verdulerías, y desarrollar una Planta de Transferencia Orgánica (PTO) que centralice el procesamiento del material recolectado.
Entre los beneficios destacados se encuentran la posibilidad de procesar mayores volúmenes sin incrementar la frecuencia de recolección, la creación de nuevas unidades de negocio para las empresas recolectoras y la reducción de costos para los generadores. Sin embargo, el camino no ha estado exento de desafíos: los trámites administrativos, la necesidad de normativa específica, la inclusión de pymes, y la articulación interinstitucional son temas clave a resolver para asegurar la viabilidad del modelo.
Sinba: una apuesta por la economía circular inclusiva en Perú
Desde Perú, Pipo Reiser, gerente general y cofundador de Sinba, presentó un modelo innovador de gestión circular de residuos orgánicos que se articula a través de un ecosistema inclusivo. Fundada en 2016, esta empresa socioambiental y certificada como Empresa B tiene como propósito “cocrear un mundo sin basura, donde nada sobra y nadie sobra”.
El modelo de Simba, denominado “Ciclo Sinba”, involucra a empresas, hogares, recicladores y agricultores locales en un proceso que no solo evita el desperdicio, sino que también dignifica el trabajo informal. A la fecha, han recuperado 15.000 toneladas de residuos, evitando la emisión de 18.000 toneladas de CO₂, han capacitado a más de 45.000 personas y creado más de 70 empleos formales. Asimismo, colaboran activamente con más de 50 recicladores, promoviendo su inclusión y acceso a condiciones laborales dignas.
Sinba opera hoy con 8 camiones, entre ellos el primer camión eléctrico de residuos del Perú, y ha establecido alianzas con más de 80 empresas en 140 localidades. Su planta insignia, la “BioFábrica”, permite el secado de residuos orgánicos con recuperación integral, mientras que su Centro Inclusivo de Recuperación Circular (CIRC) trabaja la valorización de más de 20 tipos de materiales.
Con la vista puesta en el futuro, Sinba proyecta tener 10 nodos operativos en Lima y otras regiones para 2030, recuperar más de 800 mil toneladas de residuos orgánicos y gestionar el volumen de residuos equivalente al generado por un millón de personas.
Oportunidades y retos para América Latina y el Caribe
Cerrando el encuentro, Eduardo Araneda, ingeniero agrónomo de CompostChile, compartió una mirada crítica sobre los retos estructurales que enfrenta la región. Destacó la heterogeneidad de capacidades entre ciudades como Buenos Aires y municipios más pequeños, señalando como obstáculos comunes la informalidad, la falta de infraestructura, marcos regulatorios débiles, escasa fiscalización, y limitada información técnica.
No obstante, también identificó oportunidades concretas como el impulso al compostaje comunitario, la gestión descentralizada y el aprovechamiento de residuos orgánicos para el desarrollo rural. En su visión, la articulación campo-ciudad puede ser una vía eficaz para conectar el potencial de valorización de residuos con la necesidad de insumos sostenibles en el sector agrícola.
El webinar dejó en claro que la reducción de residuos orgánicos urbanos no solo es una meta ambiental, sino también una oportunidad económica y social. Las experiencias compartidas demuestran que, cuando se articulan políticas públicas claras, marcos regulatorios estables e incentivos adecuados, el sector privado puede ser un aliado clave en la construcción de sistemas de gestión de residuos más inclusivos, eficientes y sostenibles.
América Latina y el Caribe enfrenta importantes desafíos, pero también cuenta con ejemplos inspiradores y modelos replicables que pueden escalarse con el compromiso de todos los actores involucrados. La clave está en generar colaboración, promover la innovación y reconocer que, en la lucha contra el cambio climático, cada tonelada de residuo orgánico recuperado cuenta.





