
En una nueva edición del Foro ODS tuvimos la oportunidad de escuchar y aprender acerca de Córdoba Florece, un programa que demuestra cómo algo tan simple como una flor puede convertirse en una herramienta de transformación social, económica y ambiental.
Coordinado por la Facultad de Ciencias Agronómicas (FCA) de la Universidad Nacional de Córdoba, este programa impulsa el emprendedurismo a través de la floricultura, generando oportunidades reales para quienes buscan desarrollarse y construir su propio camino.

Durante el Foro se destacó que esta iniciativa contribuye directamente al cumplimiento de los ODS 1 (Fin de la pobreza) y el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico). A través de sus distintas actividades, potencia habilidades, promueve la inclusión y abre nuevas puertas laborales.
Detrás de esta propuesta se encuentra la Ing. Agr. Alejandra Tuma, directora y creadora de Córdoba Florece, quien con su amplia trayectoria logró consolidar este proyecto interdisciplinario que genera gran impacto en diversas comunidades.
Actualmente, la iniciativa ya está presente en seis localidades, Estación Juárez Celman, Despeñaderos, Bell Ville, Isla Verde, Ciudad de Córdoba y Río Ceballos.
Más que enseñar sobre flores, Córdoba Florece fomenta la generación de empleo mediante la producción y comercialización, sin barreras de acceso y con una mirada inclusiva. Muchas de las personas que participan logran desarrollar sus propios emprendimientos, mientras que otras fortalecen sus conocimientos para potenciar proyectos existentes.
El programa también se destaca por su enfoque integral: no solo brinda herramientas técnicas, sino que acompaña a los participantes en la gestión económica de sus proyectos, promoviendo prácticas responsables como el ahorro y la reinversión.
En paralelo, el compromiso ambiental es un eje central. Se impulsa la producción local, el uso eficiente de recursos, como el riego por goteo, y el manejo sostenible del suelo mediante la elaboración de sustratos propios y la eliminación de productos químicos, excepto en casos extremos. Además, cada espacio donde se desarrolla el programa está vinculado a entornos naturales, reforzando la conexión con el ambiente.
Como cierre, Alejandra dejó una invitación abierta a sumarse a esta experiencia transformadora y a revalorizar el rol de las flores en nuestra vida cotidiana: consumir, regalar y compartir flores también es una forma de generar un gran impacto positivo.
¿Y si el próximo cambio que buscamos empieza con algo tan simple como una flor?




